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Crisis energética por la ola de calor en Europa

El continente europeo se calienta al doble o triple del promedio mundial, con récords de temperatura que se rompen y graves impactos en la salud, infraestructura y vida cotidiana.

Europa atraviesa una ola de calor sin precedentes que esta semana podría superar múltiples récords nacionales de temperatura, incluso antes de la llegada del mes de julio, habitualmente el más cálido del año. Los expertos advierten que este fenómeno no solo es más intenso sino también más frecuente, y representa un serio desafío para la región.

La situación actual muestra a Europa como el continente que se calienta más rápido en el planeta, a un ritmo de dos a tres veces superior al promedio global. Esta aceleración del calentamiento se combina con una infraestructura poco preparada para soportar temperaturas extremas, lo que genera deformaciones en vías férreas, cortes eléctricos y viviendas que se convierten en trampas de calor, afectando la salud y provocando muertes.

Francia, en el epicentro de esta crisis térmica, registró recientemente su día más caluroso de la historia con una temperatura media nacional de 29,8 °C, superando el récord de 2019. En algunas localidades se alcanzaron los 43,9 °C. El calor extremo ha provocado al menos 40 ahogamientos vinculados a un aumento en las actividades acuáticas desde el 18 de junio, además de la muerte de personas mayores y niños atrapados en vehículos calientes.

En el Reino Unido, se espera que los termómetros superen los 37,8 °C, con una advertencia roja poco habitual por parte del Met Office debido al riesgo para la vida. Las autoridades han cerrado escuelas o reducido sus jornadas, aconsejan evitar viajes en tren y alertan sobre posibles fallas en los suministros de agua y energía. Londres fue descrita como “cocinándose” por el secretario general de la ONU, António Guterres, durante la London Climate Week.

España también vive condiciones extremas, con temperaturas que superaron los 45 °C en Andújar, y casi todo el país bajo alerta por calor. En total, 23 países europeos mantienen avisos por altas temperaturas, cinco de ellos en nivel rojo: Alemania, Francia, España, Suiza y Luxemburgo.

La causa del calor extremo es una cúpula de alta presión estancada sobre Europa, que actúa como una tapa atrapando el calor. Aunque estas cúpulas son habituales en verano, las temperaturas alcanzadas son inusuales y se agravan por el cambio climático, impulsado por la quema de combustibles fósiles. Además, la presencia de un El Niño incipiente podría intensificar las olas de calor en los próximos meses, aunque por ahora su impacto es mínimo.

Expertos explican que Europa se calienta más rápido porque muchas de sus regiones se extienden hacia el Ártico, donde el derretimiento del hielo expone superficies oscuras que absorben más energía solar, amplificando el calentamiento. Además, la reducción de partículas contaminantes en la atmósfera, aunque beneficiosa para la salud, disminuye la reflexión del sol, aumentando la temperatura.

El impacto del calor es especialmente grave en Europa porque solo alrededor del 20 % de los hogares cuenta con aire acondicionado, y muchas viviendas están diseñadas para conservar el calor, no para disiparlo. El calor atrapado en las casas, sumado a noches calurosas, impide que las personas se recuperen y puede provocar agotamiento o golpes de calor, que son riesgos reales para la salud pública.

Los próximos tres meses se anticipan como especialmente cálidos y el continente aún no está preparado para enfrentar las consecuencias del cambio climático. “Hemos desarrollado todo —y me refiero a todo— para un clima estable al que estamos diciendo adiós rápidamente”, alertó Thorne, señalando que Europa está entrando en una etapa de enfrentar resultados adversos tras siglos de dependencia de combustibles fósiles.