
El estrecho de Ormuz se encuentra prácticamente cerrado, tras una orden de la Guardia Revolucionaria iraní que suspendió el tránsito de embarcaciones petroleras en ambos extremos de esta estratégica vía marítima. La medida responde a un ataque con drones contra el petrolero “Athe Nova”, un buque aliado de Estados Unidos, que fue impactado por dos drones y permanece envuelto en llamas.
Esta acción, denominada “Operación True Promise 4” por la Guardia Revolucionaria, es una represalia directa a una ofensiva coordinada entre fuerzas estadounidenses e israelíes en territorio iraní. Además del ataque al petrolero, las fuerzas iraníes lanzaron hasta doce drones contra la base estadounidense de Arifjan en Kuwait, y atacaron la base aérea de Al Minhad en Emiratos Árabes Unidos con seis drones y cinco misiles balísticos.
También se registró un ataque con seis drones sobre la instalación naval estadounidense NSA, evidenciando la magnitud y coordinación de la respuesta iraní. Estas acciones buscan establecer un nuevo equilibrio de fuerzas y advierten sobre posibles escaladas si continúan las hostilidades en suelo iraní.
La Guardia Revolucionaria transmitió la orden de cierre total del estrecho a través de la radio, una vía que habitualmente canaliza un porcentaje significativo del suministro global de petróleo. Como consecuencia, las principales navieras suspendieron sus envíos por esta ruta y las compañías aseguradoras marítimas retiraron su cobertura por el aumento del riesgo, generando una paralización sin precedentes en la actividad comercial de la región.
Imágenes y reportes de plataformas de rastreo marítimo confirman la ausencia de movimiento de grandes cargueros y tanqueros en los accesos al estrecho, reflejando la gravedad de la crisis y la inquietud que genera entre gobiernos y operadores energéticos a nivel global.
Este episodio se suma a una serie de incidentes recientes que han incrementado la volatilidad en el Golfo Pérsico. El ataque al “Athe Nova” y el cierre del paso en Ormuz han desatado la alarma mundial ante la posibilidad de un impacto significativo en los mercados energéticos internacionales, agravando las tensiones ya existentes entre Irán, Estados Unidos y sus aliados regionales.





























