
Donald Trump dejó en claro su intención de aprovechar las vastas reservas petroleras de Venezuela tras la operación militar que terminó con la detención del presidente Nicolás Maduro. El exmandatario afirmó que Estados Unidos “administrará” el país hasta que se concrete una transición “segura”.
El plan de Trump incluye atraer inversiones millonarias de empresas petroleras estadounidenses para revitalizar la industria petrolera de Venezuela, que posee las mayores reservas probadas de crudo en el mundo, con aproximadamente 303.000 millones de barriles. Sin embargo, la producción actual es mínima en comparación con este potencial.
Trump aseguró que las compañías estadounidenses repararán la “muy dañada” infraestructura petrolera venezolana y comenzarán a generar ingresos para el país. No obstante, especialistas señalan que los costos serán altísimos y que podrían pasar hasta diez años antes de que la producción aumente de manera significativa.
La producción de petróleo en Venezuela cayó drásticamente desde principios de los 2000, cuando el gobierno de Hugo Chávez y luego el de Maduro intensificaron su control sobre la empresa estatal PDVSA, lo que generó la salida masiva de personal calificado. Actualmente, la producción ronda los 860.000 barriles diarios, menos de un tercio de lo que era hace una década y menos del 1% del consumo mundial.
El petróleo venezolano es principalmente “pesado, agrio”, lo que dificulta su refinación, aunque es útil para la fabricación de diésel y asfalto. En contraste, Estados Unidos produce mayormente petróleo “ligero, dulce”, ideal para gasolina.
Antes de la captura de Maduro, EE.UU. incautó dos buques petroleros frente a las costas venezolanas y estableció un bloqueo a la entrada y salida de buques cisterna sancionados. Las sanciones, vigentes desde 2015, han limitado las inversiones y el acceso a repuestos esenciales para la industria.
Homayoun Falakshahi, analista de materias primas, considera que los principales obstáculos para explotar las reservas venezolanas son legales y políticos. En diálogo con BBC, señaló que “quienes esperan perforar en Venezuela tendrán que llegar a un acuerdo con el gobierno, lo que no será posible hasta que haya un sucesor de Maduro en funciones”. Además, advirtió que las inversiones dependerán de la estabilidad que ofrezca el futuro gobierno.
Las compañías petroleras deberán firmar contratos con la nueva administración antes de iniciar la inversión en infraestructura. Los expertos estiman que se necesitarán decenas de miles de millones de dólares y posiblemente una década para recuperar los niveles anteriores de producción.
Neil Shearing, analista de Capital Economics, opinó que el plan de Trump tendrá un impacto limitado en el mercado global y en el precio del crudo, ya que “hay una enorme cantidad de obstáculos que librar y el plazo de tiempo de lo que va a suceder es muy largo”. Agregó que “los proyectos no tendrían rendimiento por muchos, muchos años” y que la producción venezolana, incluso en su mejor momento, seguiría por debajo de los principales productores mundiales.
Shearing también destacó la alta producción de los países de la OPEP+, señalando que “el mundo actualmente no está sufriendo de una escasez de petróleo”.
John Browne, exdirector ejecutivo de BP, calificó la recuperación petrolera venezolana como un “proyecto a muy largo plazo”. Subrayó que “la gente subestima el tiempo que se demora hacer las cosas. Alinear todos los recursos, particularmente el material y el personal, toma muchísimo tiempo”. Incluso advirtió que podría haber una reducción temporal en la producción durante la reorganización.
Chevron es la única petrolera estadounidense activa en Venezuela, con una licencia otorgada en 2022 bajo la administración Biden. Actualmente, representa alrededor del 20% de la extracción petrolera en el país y asegura cumplir “con todas las leyes y regulaciones relevantes” mientras prioriza la seguridad de sus empleados.
Otras grandes compañías han guardado silencio público sobre sus planes, aunque Falakshahi cree que los directivos debatirán internamente la posibilidad de aprovechar la oportunidad. Para él, “el apetito de ir a alguna parte está vinculado a dos factores principales, la situación política y los recursos sobre el terreno”.
A pesar de la inestabilidad política, el analista concluyó que “la ganancia potencial podría considerarse demasiado grande de eludir”. Browne agregó que las empresas querrán involucrarse porque “tener opciones de negocio en diferentes partes del mundo es algo bueno” y que “como oportunidad de negocio, si estás dirigiendo una compañía… vas a querer involucrarte muy rápidamente”.

































